Este proceso puede ser extenso y fatigante, es recomendable que se recueste en un lugar cómodo y amplio por si llega a fracasar. Rápidamente llene su mano, la menos torpe, de una ligera grasa que le permita introducir el puño con más facilidad a través de la oreja, es necesario mantener siempre la cabeza hacia arriba en todo el procedimiento. Este principio puede ser un poco doloroso, pero afortunadamente es a corto plazo. Una vez tenga el puño adentro abra los dedos de manera lenta hasta tenerlos completamente rectos para empezar el recorrido. Cierre los ojos para una mejor concentración en el tacto, después de unos 5 segundos de recorrido va a encontrar tres caminos en la parte delantera, uno dirige al olfato, otro al gusto y el último a la vista, debe tener cuidado para no acceder a estos, no es agradable sentir el sabor de los oídos en la boca, moquear la grasa que tiene su mano o sacarse un ojo y sostenerlo con la otra mano mientras termina este proceso para poder luego ajustarlo de manera correcta.
Siga introduciendo su mano por el costado trasero sin tocar ni una minucia de los caminos mencionados, sea cauteloso con sus uñas para no romper las telarañas que retienen la materia gris, no vaya a ser que se produzca un genio, pues terminaría inmediatamente con este procedimiento. Cuando se empieza a estrechar el camino sabremos que hemos llegado, y el movimiento de la mano debe ser más preciso. Si es usted claustrofóbico trate de imaginar que nada de lo que está pasando es real, por más difícil que sea, de lo contrario le pasara lo que a muchos claustrofóbicos desesperados les ha ocurrido, sacan la mano abruptamente rompiendo las telarañas y destruyéndose los oídos, como pasó con Beethoven, un genio sordo, que el dolor lo revolcó en su cómoda y amplia cama, tenemos aquí entonces un ejemplo de fracaso. Se encuentra entonces un masa viscosa que rodeada de pequeñas grietas, aunque es agradable al tacto, no puede ser acariciado mucho tiempo, pues puede deformar su consistencia y hacernos lucir una cabeza no muy estética ni atractiva. Si al llegar a este punto su mano no se presta para avanzar más, con ayuda de la otra dislóquela para tener un poco más de alcance y terminar el procedimiento. Encorve un poco su mano de manera que parezca que está sosteniendo el cerebro por la parte de abajo, deslícela como si estuviera acariciando la panza de un gato y espere un tenue ronroneo de parte suya. Después de pasar por el Hipotálamo, la pituitaria, el tálamo, atravesar la barrera del tallo cerebral y subir por el cerebelo con este movimiento, se encontrará ya en nuestro lugar de destino, el hipocampo, allí sentirá como algunas dendritas electrocutan de manera cosquillosa todos sus dedos, hay que tener cuidado, pues las neuronas son como medusas.
Respire profundo y visualice aquello que quiere olvidar, inmediatamente las neuronas empezaran a agitarse velozmente y empezara a sentir nauseas, tranquilo esta es la mejor parte. Cuando tenga ubicado su recuerdo una de las neuronas se moverá más velozmente, la misión: atraparla. Las otras neuronas estarán interviniendo en la captura de su compañera pues cada una de ellas se siente indispensable para la otra. Mierda, nada es indispensable si nos perturba. Su cuerpo empezará tal vez a temblar, le sudara la mano que está afuera , su respiración será mil veces más rápida, sentirá que está cayendo en un vacío que le arranca las piernas, las lágrimas saldrán incontrolablemente inundándole los ojos y ahogándolo, sentirá rabia y ganas de pegarle a las paredes, tratará de coger el teléfono , sentirá la sensación de licor en su lengua, mantendrá un olor a cigarrillo y café en la punta de su nariz, gritará muy fuerte y su mano tratará de ahogar el llanto con lo que esté a su alcance, particularmente una almohada, todo esto es recordar y será producido hasta que atrape la neurona. Tenga paciencia, aunque sea rápida esta neurona no tiene escapatoria. Cuándo la tenga en su mano sujétela fuerte y no se deje convencer de dejarla allí, esta empezará a producir tiernos sollozos, siga firme, es sólo un recuerdo. Empiece a deslizarse nuevamente por el camino que accedió, sin rozar ni una sola parte del cerebro, las nauseas seguirán. Al encontrarse de nuevo con los tres caminos debe tener más cuidado pues ese recuerdo puede familiarizarse con los mocos, las lágrimas, lagañas y saliva. Debe hacer silencio, pues probablemente las palabras lo lleven hacia la garganta y si suelta la neurona por esta vía, su recuerdo ingerido se vuelve mierda. Mientras abandona el lugar, con la otra mano vuelva a encajarla la que introdujo, apriete su puño fuerte y saque la mano de allí. Abra los ojos y párese lentamente, ahora con la neurona que tiene su recuerdo puede echarla por el sanitario y dejar la posibilidad de algún día encontrársela y que ella sorpresivamente lo ataque y vuelva a entrar a su cerebro sin usted saber que está sucediendo o también puede simplemente tirarla al piso para pisotearla hasta que quede vacía, hasta que desaparezca.
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